¡Enhorabuena, arriba las que Luchan!

  Escribe  Juan Pablo Pezo

La justicia es la virtud más importante de una sociedad, sin justicia no hay paz social. Así, el mundo patriarcal ha demostrado que es infinitamente injusto, en donde predominan la codicia y el individualismo. 

Ayer 8 de marzo, día  internacional de la mujer estuve en la plaza de la República en París, había mucha gente. Hoy, me he levantado  temprano y como ya es de mi costumbre reviso mis redes sociales y veo que las marchas en todo Chile fueron descomunalmente masivas. Según el gobierno solamente en Santiago marcharon 190 mil mujeres, no obstante, las organizadoras declararon que marcharon al menos   400 mil mujeres, yo les creo a estas últimas, es conocido aquí y en la quebrada del ají que los gobiernos siempre disminuyen las cifras de los manifestantes cuando no les convienen las reivindicaciones. En este caso, todos sabemos que la oligarquía política y económica  chilena es conservadora, retrógrada en la igualdad de derechos entre hombres y mujeres, si nos movemos a la diestra extrema es aún peor.

Por mi parte, a pesar que nací y fui criado en Concepción en un ambiente machista, mi madre dueña de casa, quien tuvo que sufrir todas las violencias por haber, tengo una visión de respeto y admiración hacia todas las mujeres que luchan por sus derechos. Mi madre siempre ha sido mi modelo de  una mujer luchadora, digna, solidaria con las injusticias sociales y los animales. Debo agradecer que a lo largo de mi recorrido he tenido la suerte de estar en contacto con otras culturas, de compartir mi vida con mujeres con carácter y rebeldes ante la sumisión. Por cierto, debo reconocer que aún queda  en el ethos de mi crianza la dificultad para ocuparme de las tareas domésticas básicas, sin embargo, basta la petición o el reclamo de mi pareja para ponerme las pilas. Recupero puntos cocinando, quien llega primero a casa cocina, generalmente llego antes y le preparo la cena à ma chérie ( a mi amada).

Por otra parte, ayer por la tarde me envió un mensaje audio un amigo que vivió aquí y que recientemente se volvió a Santiago, acusando que quería ir a la marcha para apoyar las reivindicaciones de nuestras compatriotas, pero que le habían dicho que los hombres no podían ir. Le respondí que lo encontraba ilógico, que en París había hombres apoyando la lucha femenina por la igualdad de derechos entre hombres y mujeres en el mundo del trabajo. Cuidado, con las feministas que extreman o exteriorizan en el campo político su odio contra hombres cavernarios, no hay que generalizar, hay hombres que apoyamos sus demandas, hombres modernos que no vemos diferencias entre las capacidades intelectuales de género. No todos los hombres estamos por un mundo patriarcal en donde la codicia del hombre está llevando nuestro planeta a su destrucción, a la extinción cada vez más recurrente de alguna especie animal y a este ritmo a nuestra propia extinción como especie humana.

La justicia es la virtud más importante de una sociedad, sin justicia social no hay paz social. Así, el mundo patriarcal ha demostrado que es infinitamente injusto, donde predominan la codicia y el individualismo. Siempre he creído que la justicia es una virtud mejor encarnada por el género femenino, porque se da con mucha frecuencia que  la mujer educa a sus hijos con justicia, dando siempre de forma igualitaria amor y comida. En cambio, es conocido que el padre siempre tiene un hijo o hija preferida, creando resentimientos entre hermanos y un sentimiento de injusticia de uno de ellos al sentirse menos amado por su progenitor. No es por casualidad que la figura de la justicia se simboliza en una mujer con una balanza equilibrada.

La gran Simone Veil lucha por el aborto libre  en Francia, aprobado en 1975, un derecho que se puede acceder antes de las 14 semanas de embarazo,  más allá de ese plazo debe cumplir algunas condiciones como por ejemplo el peligro de la vida de la madre o la inviabilidad médica del bebé. Veil pregona que una mujer que no le tiene miedo a los hombres nos causa miedo, ciertamente, le causa temor a hombres intelectualmente mal preparados, a hombres conservadores, retrógrados y mayoritariamente  sin la posibilidad de educarse desde una perspectiva humanista. Hay actores políticos como Kast, como gran parte de la derecha chilena y la ex-concertación que han tenido todas las oportunidades para tener una educación humanista y progresista. Pero no le pidamos peras al olivo cuando hay un sesgo ideológico, religioso y cerradamente patriarcal. Toda esa gente fue formada en una burbuja, en la cual mezclan religión, sus privilegios, su marcado materialismo histórico y la política.  

En nuestros dos siglos como nación independiente han habido mujeres que han marcado nuestra historia social y política. Como no nombrar a nuestra premio nobel Gabriela Mistral, a la gran Violeta Parra, a la enorme Gladys Marín y por toda su trayectoria política a Michelle Bachelet.  Es de esperar que con todo este gran tsunami de consciencia femenina en nuestra patria puedan salir muchas líderes políticas que necesita Chile para seguir luchando por sus derechos de género y por la justicia social del país.

En buena hora, que el feminismo se posicione en la arena política criolla es esperanzador para el progreso de Chile, para todos aquellos hombres que creemos en la igualdad de derechos, en la justicia y en una mejor democracia. Es aterrador para aquellos  que se aferran al poder y a la mentalidad patriarcal. Eso lo encarna un personaje nefasto como JAK, quien debe sentir mucho miedo para su aspiración presidencial, acusando frecuentemente una instrumentalización o una ideologización de izquierda, como si sus ideas no fueran fanáticas sustentadas en una mentalidad cerrada, autoritaria, religiosa y arcaica. Aún no ha comprendido que la religión en democracias desarrolladas debe quedar en la intimidad del cuerpo y el alma de una persona,  no en el espacio público. El Estado debe ser siempre laico por el respeto a todos los cultos de creer o no creer. En fin, que esta lucha femenina sirva para despertar Chile contra el abuso de la oligarquía política empresarial corrupta y tan coludida en la patria donde se termina la tierra.

“ No olviden jamás, que bastará de una crisis política, económica o religiosa para que los derechos femeninos conquistados sean cuestionados. Tienen que  estar atentas durante todas sus vidas” Simone de Beauvoir

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