El mercado, la geopolítica, Piñera y Huawei: No es solo una pesadilla

La reciente visita a Chile del secretario de Estado de EE.UU. Mike Pompeo puso a prueba la nueva religión chilena, la que sorteó con éxito las declaraciones del exdirector de la CIA. Pompeo advirtió a los chilenos, pero con énfasis a sus gobernantes, sobre los riesgos de intimar en negocios con China.

Escribe en POLITIKA Paul Walder

Las políticas económicas chilenas, que también diseñan las sociales, culturales y otras reales y hasta las posibles, se han caracterizado desde la transición por un ideario bien claro: el mercado, desregulado y globalizado. Con Friedman y Hayek como piedra angular, Chile ha realizado en Latinoamérica la utopía neoliberal. Una zona franca, mercantilización hasta de la vida privada y una cultura del mercado que ha resistido ya varias décadas. Todos los ministros de Hacienda, tal vez con la única y efímera excepción de Alberto Arenas durante el crepuscular gobierno de la Nueva Mayoría, provienen de escuelas liberales y neoliberales y experiencia en la banca y organismos internacionales.

Esta es la política, y también la filosofía que nos rige, en el caso que Hayek y Friedman sean considerados por alguien también filósofos, cuyo andamiaje, bien documentado, tiene una clara base de apoyo: fuerte  crecimiento económico a cargo de la extracción de recursos naturales, productividad a cargo de los exigidos trabajadores y alto consumo financiado por profusos y carísimos créditos. Como efectos directos y bien registrados, la pérdida irremediable de recursos naturales, la contaminación a destajo, emisiones de carbono crecientes y, como corolario, una de las peores distribuciones de la riqueza en el mundo. Con este dato podemos afirmar que el mercado libre tiene sus dueños. No es la misma libertad aquella que gozan las empresas y los bancos de un Luksic que la que sufre un vendedor de sopaipillas. Cuando esas fundaciones gringas de ultraderecha, como la Cato o Heritage, que tienen sus voceros en Chile en agencias como el Instituto Libertad y Desarrollo o el CEP,  hablan de libertad como un valor, ya sabemos de qué nos están hablando.

El mercado como política. Pero no solo eso. El mercado como valor supremo. Y el Estado como centinela del mercado. Un espacio, real, virtual, pero especialmente cultural y mental, que define hoy con bastante precisión a este país.

La reciente visita a Chile del secretario de Estado de EE.UU. Mike Pompeo puso a prueba la nueva religión chilena, la que sorteó con éxito las declaraciones del exdirector de la CIA. Pompeo advirtió a los chilenos, pero con énfasis a sus gobernantes, sobre los riesgos de intimar en negocios con China. La respuesta fue clara y recurrió al mercado: China es el principal socio comercial para Chile. No es un asunto de afectos ni de celos. Es el libre mercado.

Hoy Sebastián Piñera está en China y se ha reunido con Xi Jinping, el todopoderoso presidente de este país con historia imperial y evidentes aires de reescribirla. En la delegación, que incluye a millonarios como Luksic, banqueros, exportadores y productores, desde fruta a carne de pollo y a una buena muestra parlamentaria, va también la subsecretaria de Telecomunicaciones, Pamela Gidi, que debiera cumplir una función relevante para Chile y su desarrollo tecnológico de cara a los próximos años.

La molestia de Pompeo con el gobierno chileno, al que reclama como aliado supuestamente incondicional, ha sido la creciente relación con China que en estos días se expresa en la cumbre de Piñera con Xi. Pero hay otros aspectos. Piñera ha sido invitado a visitar en Shenzhen el gigantesco campus tecnológico de Huawei, invitación que el mandatario chileno no sabe aún si debe aceptar al recordar las irritantes y amenazadoras palabras de Pompeo. Nadie aquí imaginaba que ciertos resabios geopolíticos pudieran contaminar la política del libre mercado. Y todos parece que olvidaron la guerra comercial que desde el año pasado Trump le ha declarado a China.

Chile no pesa mucho ni en la política ni la economía mundial. Pero los negocios no solo son a gran escala, también al detalle. Huawei tiene interés de introducir su tecnología 5G en América Latina, suma de estados que se arma como un interesante mercado.

Las indecisiones de Piñera para asistir al parque Huawei expresan algo nuevo. Tal vez ha visto que la religión de mercado se ha estrellado con la geopolítica. Los años y décadas de la mundialización basada en el comercio y la mercantilización están a partir de Trump, pero no sólo por él sino por sus enormes estragos, en un trance de repliegue.

La guerra comercial que Estados Unidos puso en marcha el año pasado encierra una guerra en muchas otras dimensiones. Es una batalla por quién se apodera del mundo a partir de la siguiente década. Los chinos quieren ganar esta guerra, imponer su imperio sobre la base de infraestructura y alta tecnología, en tanto los gringos no quieren abandonar ni sus privilegios ni su liderazgo de superpotencia.

Nada de esto es ciencia ficción. Es política pura y dura.  Ren Zhengfei, el fundador y presidente de Huawei, se refiere con una claridad sorprendente a los planes que tiene la corporación y China para los próximos cinco a diez años. Ni más ni menos que dominar el mundo. (para quien dude de estas afirmaciones puede ver esta entrevista que también está subtitulada)

La tecnología 5G, que por razones obvias no explicaremos ni detallaremos aquí, cambiará de forma intensa nuestro modo de vida. Todos los aparatos estarán conectados con otros y entre sí mediantes sistemas de Inteligencia Artificial. Una red muy densa, mucho más que la 4G, invadirá las ciudades y espacios públicos para su desarrollo en instalaciones como la conducción autónoma total, por mencionar una de sus posibles aplicaciones. Si ya el 4G, los smartphones y las redes sociales han alterado nuestra vida cotidiana, las implicaciones sociales y humanas, y en especial políticas, de esta nueva tecnología podrían ser aún más invasivas.

En la citada entrevista, Ren Zhengfei habla de dominar el mundo. Porque quien se apropie de la tecnología 5G controlará el mundo. Las guerras futuras serán como las actuales, multisistémicas pero mucho más poderosas. Y si ya la tecnología en vigencia ha logrado controlar el comportamiento y la mente de miles de millones, la 5G ofrece expectativas, y no hablamos aquí solo de negocios, escalofriantes. El cielo para sus controladores, que en los hechos será el algoritmo de la Inteligencia Artificial, y una posible pesadilla para los subalternos y controlados en mentes y cuerpos.

Posiblemente Piñera no piense en nada de ello. Sólo está un poco complicado con el enojo de Mike Pompeo y las advertencias de Trump. Y tampoco le ha de inquietar mucho estar en medio de una guerra con episodios de alto espionaje y secuestros de ejecutivos de empresas tecnológicas.

Es otro el aspecto que podría sí nos pone los pelos de punta. China no se destaca precisamente por su democracia política ni tolerancia cultural. Para ello basta recordar la persecución que ha sufrido el artista chino Ai Weiwei por sus críticas al sistema político. Esta observación nos coloca en una situación especialmente difícil que cierra las opciones. Porque no habría alternativa posible de liberación entre un imperio tecnológico controlado por los gringos, que sería la actual violencia elevada y mejorada por la Inteligencia Artificial (creada por humanos, claro está) y el imperio chino versión siglo XXI, desconocido pero profundamente inquietante.

Video juego distópico o profunda pesadilla.

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