El blanqueo de la historia: Cubillos en contra del pasado

Ante la ausencia de una materia tan vital como la historia, las nuevas generaciones no sabrán quién era el padre de la ministra, Hernán Cubillos Sallato: El primer civil, ligado a la marina y al mundo comercial, que lideró a la Cancillería durante el régimen y que cobró relevancia por la crisis del conflicto del Beagle y el fallido viaje del dictador a Filipinas.

Escribe Felipe López

En la película «No» de Pablo Larraín se utilizó una parte de la franja propagandística del «Sí», en la que aparecía una estudiante de derecho de la Pontificia Universidad Católica que defendía a Pinochet y todo el legado del autoritarismo castrense. En el largometraje, la joven reafirmaba su voluntad a votar por la opción «Sí» del plebiscito de 1988 –que definía la continuidad del militar en el poder hasta 1997–, mientras era observada por miembros de ambos bandos. Esa persona era Marcela Cubillos, la actual ministra de Educación del Gobierno de Sebastián Piñera, que ha respaldado, hace unos días, la decisión del Consejo de esa cartera que modificó el currículum académico de tercer y cuarto año de la enseñanza media, en el que se consideró a la asignatura de Historia como optativa.

En efecto, ante la ausencia de una materia tan vital como la historia, las nuevas generaciones no sabrán quién era el padre de la ministra, Hernán Cubillos Sallato: El primer civil, ligado a la marina y al mundo comercial, que lideró a la Cancillería durante el régimen y que cobró relevancia por la crisis del conflicto del Beagle y el fallido viaje del dictador a Filipinas. Este impasse le valió la salida del gabinete. En pleno vuelo, se le negó el aterrizaje al avión de LAN que transportaba al General, quien se disponía a visitar ese país en una cita de carácter oficial. Pinochet estaba cercado internacionalmente hablando, aislado, pero con fuertes vínculos en la zona del Índico y el Pacífico con países del Tercer Mundo, que no tenían ninguna injerencia en la lucha del eje Este-Oeste. Eso, a manera de buscar la «legitimidad» de su mandato, tal como había intentado –un par de años atrás– con el vergonzoso referéndum de 1978, como lo llamó la opinión pública mundial. En esa ocasión, el «presidente» trató de demostrar a la comunidad internacional el «apoyo del pueblo y la patria» a su proyecto de «democracia tutelada» (*). En especial, a la Organización de Naciones Unidas, que había aprobado sendos votos condenatorios en contra de Chile por la violación sistemática a los Derechos Humanos entre 1977-1979.

Tampoco se conocerá que Cubillos, además, fue alumna de Jaime Guzmán, líder del gremialismo y uno de los responsables del orden político y constitucional de la dictadura, con el que compartía su manera de pensar y sus valores «democráticos». Es decir, una convicción ideológica que sonaba más a una labor pastoral y al mesianismo político de una derecha que quería perpetuar un estilo de autoritarismo, que no buscaba la equidad ni tampoco el bienestar y el goce de las libertades intrínsecas, que tanto se garantizaban en el papel, pero no en la realidad. Una lógica en la que el que más tiene, no actúa con base en la justicia social, sino en la misericordia, la caridad y las reglas del mercado, que funcionan como una especie de catecismo en esa religión llamada neoliberalismo. Asimismo, cada malestar popular era aplastado por la violencia estatal. Miles de personas masacradas por manu militari y también por un sistema económico que ha acrecentado la desigualdad y que también ha domesticado la salud emocional, física y mental de cientos de chilenas y chilenos.

Luego del éxito del «No», Cubillos cumplió labores académicas en su alma mater. Sin afán de injuriar, hoy ciertas universidades tienen como fin el adoctrinamiento –más que promover el desarrollo científico– y que también refuerzan y promueven, a través de los think tank, ligados a entidades de espuria estirpe, el modelo neoliberal y el conservadurismo disfrazado de conocimiento. Es una respuesta del pensamiento reaccionario frente a la opacidad lesiva del capitalismo que enajena y estruja a los sectores populares y a esa invisible (**) «clase media» que tanto usan como significante vacío (***) en sus discursos. Desde su plataforma como directora de estudios en la Universidad Mayor de Chile escribiría, en conjunto con Andrés Allamand, el libro, La estrella y el arco iris: Cómo, después de 20 años, fue derrotada la Concertación (Santiago de Chile: Aguilar, 2010), en el que da cuenta de la estrategia llevada a cabo por Piñera que le valió el triunfo en las elecciones presidenciales de 2010.

En su primer período como parlamentaria por el distrito 21 (Ñuñoa y Providencia, en la región Metropolitana), pasó más a la posteridad por su férrea oposición a la Ley de Divorcio de 2004 y por utilizar, justamente, esa normativa en la disolución de su matrimonio con José Antonio Silva para casarse, el 2012, con otro crítico de dicha ley, el aquel entonces senador Andrés Allamand. El 2002 presentó una moción que endurecía las penas por el aborto, tipificado como delito en aquella época. Entre 2004 y 2005 presentaría otro proyecto de construcción de un monumento, en diversas ciudades del país, en memoria de las víctimas del aborto y para honrar al papa Juan Pablo II, cuestionado por el encubrimiento de casos de pederastia al interior de la Iglesia Católica.

En su primera reelección en el hemiciclo, cobró relevancia por protagonizar y liderar la interpelación del ministro de Educación de Bachelet, Martín Zilic, en un encendido y maratónico interrogatorio que intentaba demostrar la nula gestión de crisis del secretario de Estado ante la llamada «Revolución pingüina» de 2006. Una herramienta que le dio dividendos políticos a la entonces oposición para provocar la ingobernabilidad de la Concertación y que permitió el lobby del Centro de Estudios Públicos en la promulgación de la Ley General de Educación. Como defensora de la familia, propuso una moción en la que se debía crear una nueva calificación cinematográfica en cuyos contenidos se promoviera tal concepto.

Sin hacer un juicio ad hominem, solo exponiendo hechos, en un fututo hipotético, ¿cuántos de estos hitos en la trayectoria personal y profesional de la ministra serán parte de la memoria histórica y, a la vez, cuántos de estos discursos reaccionarios serán hegemonía más adelante? En efecto, ¿será considerada una pieza de ficción el discurso de Cubillos a favor de la campaña del «Sí» por el solo hecho de aparecer en una película? ¿Tendremos el pensamiento crítico para diferenciar lo real de la ficción? Por el momento, me consuelo con aquella estrofa de una canción de León Gieco, que dice: «La memoria despierta para herir a los pueblos dormidos que no la dejan vivir. Libre como el viento».

Notas al pie de página:

* Esa democracia, según Pinochet, debía ser: autoritaria, protegida, integradora, tecnificada y de auténtica participación social. Dicha conceptuación se realizó en el famoso discurso de Chacarillas en el que participaron algunas figuras insignes de la actual administración de Piñera, del mundo del espectáculo, el deporte y de la derecha. Véase a: Pinochet, Augusto, «Capítulo 2, Discurso en Cerro Chacarillas, con ocasión del día de la Juventud, 9 de julio de 1977». En Gobierno de Chile, Nueva institucionalidad en Chile. Discursos de S.E. el Presidente de la República General de Ejército D. Augusto Pinochet Ugarte, 1977, Santiago de Chile: [Sin datos de Imprenta], 1978; Guzmán, Jaime, «El camino político», Revista Realidad, Año 1, N° 7, diciembre de 1979, pp. 13-23. Portales, Felipe, Chile: Una democracia tutelada. Santiago de Chile: Sudamericana, 2000:

** Prefiero hablar de “estratos medios”, ya que la noción de clase conlleva no solo una carga ideológica importante, sino también condiciones históricas y económicas que permitieron durante la época del welfarestate (hoy en retirada) su consolidación. No obstante, también es válido hablar del “precariado”, es decir, de un grupo social que está vive al límite y el día a día, en jornadas extenuantes, con poco poder adquisitivo, de ahorro y con inseguridad laboral. Sobre esto último, el concepto ha tenido una crítica acérrima por parte del sociólogo Jan Breman, quien señala que el capitalismo ha generado trabajos mal pagados o informales, sobre todo en lugares en los que se carece de la figura del Estado, de la protección de los derechos laborales y de diferencias étnicas o identitarias como ocurre en la India, Bangladesh y el sudeste asiático. Véase a Standing, Guy, The precariat: the new dangerous class, London: Bloomsbury Academic, 2011; Breman, Jan, «A bogus concept?», En New Left Review, N° 84, nov-dic, 2013, pp. 130-138.

*** Un «significante vacío» o «flotante» es el empleo retórico de palabras o un juego de ellas que resumen una realidad para generar un relato, pero que no tienen un contenido propio y preciso, pero que son útiles y necesarios para persuadir. Por ejemplo, la apropiación de la noción de «popular» por parte del gremialismo, la dictadura misma cuando hablaba de «democracia» y el presidente Piñera cuando decía que era de «clase media». Laclau, Ernesto, «¿Por qué los significantes vacíos son importantes para la  política?», En: Emancipación y diferencia. Buenos Aires: Ariel, 1996, pp. 69-86.

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